“ La imagen de una mujer tentadora, se encuentra ligada con frecuencia a la imagen de una mujer castradora. ” - Oscar Garaycoechea

La publicidad investiga las teclas que creativamente hay que tocar para que el consumidor compre productos. Para ello observan el mercado. Aplican y se aprovechan de diversas Teorías psicológicas para provocar el consumo. Buscan más allá de los contenidos, hechos y la lógica y apelan al afecto de la persona. Las grandes compañías invierten ingentes cantidades de dinero no solo para descubrir que nos motiva, que instintos nos impulsan, cuales son nuestros deseos inconscientes reprimidos y que nos estimula a comprar sus productos, sino también que de todo esto les merece la pena perpetuar una y otra vez para conservarnos en el consumismo.

Las aplicaciones en publicidad del concepto Freudiano del mecanismo de la represión es amplio y especialmente sobre la tendencia instintiva generalmente más controlada y reprimida, el instito sexual. La represión es un mecanismo de defensa con el cual expulsamos de nuestra consciencia las pulsiones orientadas al placer que pudieran causarnos malestar en relación con nuestro entorno. Estas pulsiones no son anuladas, quedan en el inconsciente y su energía psíquica pugna por salir y expresarse en la vida de la persona. Es de esta energía de la que se aprovecha la publicidad.

La observación y reflexión sobre algunos de estos anuncios puede ayudarnos a cuestionarnos diferentes valores, creencias, roles o patrones con los que nos identificamos.

En concreto quiero entrar a desgranar brevemente los anuncios de los perfumes de Paco Rabane Invictus y Olympea, perfume para Él y para Ella respectivamente, para realizar una comparativa en relación a donde colocan al hombre y la mujer en el empoderamiento sexual de la mujer, frente al lugar que ocupan en el empoderamiento sexual del hombre.

Paco Rabane Invictus, perfume para Él, comienza con la entrada de un hombre en un estadio deportivo, siendo iluminado y admirado por una masa de gente indefinida, quienes lo vitorean entre otras cosas por destruir de un solo chasquido a sus competidores. Se basta por sí mismo. Así, pasea ufano y victorioso, es señalado por una Diosa que lo anhela pues no parece estar a su alcance a pesar de su elevado poder. Entre tanto, recibe el reconocimiento de los Dioses como vencedor y gana una copa. Finalmente, acabada su tarea con éxito, se retira a los vestuarios a recibir su merecido descanso, cuando descubre para su sorpresa que unas hermosas y sexualmente dispuestas mujeres lo esperan en el vestuario encantadas de compartirlo y hacer realidad una de las fantasías sexuales más deseada y reconocida por los hombres. Lo que especialmente quiero resaltar es que acaba en una fiesta para tod@s l@s presentes.

Olimpea, Ella es una mujer preciosa y feliz de serlo, que llega en un Lamborgini para animar el aburrido ambiente que hay en el Olimpo antes de su llegada. No parece tener una ocupación. La entrada la realiza siendo admirada por unas estatuas y flanqueada por un par de lacayas. A sus palmas despiertan los hombres para admirarla y junto con ellos el hombre del anuncio de Invictus que está siendo servido por dos admiradoras que muertas de la envidia y celos por el poder sexual de nuestra protagonista, pierden los papeles y rompen los platos. Todo esto, para meterse en una piscina. Finalmente, lo que decide hacer para su satisfacción con toda esta confianza y atractivo sexual, no es otra cosa que que invadir el espacio intimo de unos hombres que se están duchando y lavando, para dejarlos cohibidos, cortados e inhibidos, esto es, castrarlos con su poderío sexual. Al contrario que en el anuncio de Invictus. Ellos no se alegran de verla, ni acaban todos en una fiesta Dionisiaca. Así nos muestran que una mujer hecha y derecha no desea satisfacer sus propios deseos sexuales, divertirse y jugar, sino desea castrar y despojar al otro de su sexualidad. Lo dicho, que no hay fiesta.

La mujer sexualmente empoderada entonces, es una amenaza. Es una persona que por su poderío sexual, nos atrae y puede manejarnos a su voluntad, así abusará de nosotros. Esta creencia nos aboca irremediablemente a una posición muy negativa tanto para el hombre como para la mujer. Pues por un lado despoja de su propia voluntad al hombre atraído. No es dueño de su deseo sexual y no puede dominarse. Por otro, enviste a la mujer empoderada de una malignidad cuyo propósito real es despojarle al hombre de su poderío y manejarlo a su antojo, en lugar de disfrutar y gozar de su deseo con él.

Curiosamente esto no deja de ser otra castración hacia la mujer pues la imposibilita de la satisfacción sexual aun tomando una actitud resuelta, confiada y madura. No se concibe que una mujer pueda ser atractiva, excitante y segura y desee disfrutar de ello con el otro.

Así solo le queda el lugar de la pasividad, la infantilización y el sometimiento para descubrir las verdaderas mieles del placer a través del otro que es quien posee el conocimiento profundo de hacerla gozar, convirtiéndola en una persona sexualmente dependiente. Dependencia por otro lado que llevará al odio por el hombre del que depende y así demostrando que las mujeres son odiosas.

Desde luego viendo estos anuncios que por lo inicialmente expuesto parecen representar a un gran espectro de nuestra sociedad, ¿quién querría identificarse con ser mujer o ser hombre?.

Cómo mujeres valoramos positivamente que una mujer sea atractiva por su intelecto, su apoyo emocional y su leal disposición sexual. Pero si ama ser sexualmente deseada y activa sin importarle su propio intelecto, sin ganas de apoyar emocionalmente, ni guardar lealtades creemos que algo va mal, que son mujeres malas o que no serán amadas de verdad. Los hombres pierden su lugar habitual y se asustan y a través de su mirada asustada, las mujeres se ven peligrosas entre ellas mismas. Y así, de repente, el juego sexual para la mujer es una perversión en cuanto a que oculta sus verdaderos interés sexuales y se fuerza a creer que busca algo más, amor romántico (en todas sus nuevas formas). Por que solo concebimos el amor proyectado en la fantasía del futuro y no únicamente en el contacto auténtico presente. Así o nos quedamos atrapados en la utilitarista lucha de sexos. O si una mujer va a ser sexualmente activa, impulsiva, coital y dominante la describimos cómo masculina.

Concibamos pues también, ser una mujer y hombre que integramos no solo interna y externamente la polaridad femenina y masculina llegando al punto de indiferenciación para entender que es en la unión de iguales donde está la fiesta.